Agosto 23, 2017
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Un vino digno de medalla de plata

IMPULSO/ Agencia SUN
Ciudad de México
Manifiesto del carácter y de la riqueza de Ribera del Duero, Valdubón es también el declarado ejemplo de una obsesión, de la convicción explícita de una bodega y un enólogo, Javier Aladro, por llevar una historia y una circunstancia a sus más intensas consecuencias: vinos que hablan del valor de la tierra; del oficio y las tradiciones de una comunidad; de la sabiduría cotidiana enfocada a ponderar siempre la calidad.
En la reciente edición del International Wine Challenge, uno de los certámenes más prestigiados del mundo, el Valdubon Honoris 2012 fue merecedor de Medalla de Plata, refrendando la jerarquía de la bodega en una justa en la que, por cierto, España tuvo una participación muy destacada.

Honoris de Valdubón es la pieza maestra de la bodega, ampliamente reconocida en distintos momentos y en prestigiados certámenes. “Es un proyecto que comienza en 2003. Es un vino excepcional que destaca por ser un resumen de todos. Tiene la fruta de un cosecha, el toque de madera que caracteriza a los Robles de la zona, un complejidad similar a la del crianza y una mezcla de aromas y suavidad en boca del Reserva”, dice Aladro en entrevista.

Agrega. “La filosofía de Valdubón y la mía son una y la misma: consiste en conocer la viña a fondo. El cuidado que ponemos, desde la poda hasta la supervisión y el mantenimiento del terreno, junto con un ajuste continuo del mismo, quedan patentes en el vino obtenido”.

Con 14 años de labor activa en esta bodega perteneciente al Grupo Freixenet, destaca que en los últimos cinco la producción ha crecido a nivel vertiginoso.

“Este año cerraremos con 1 millón de botellas; eso en Ribera del Duero es una barbaridad de botellas. Hay cerca de 180 bodegas y estamos en los primeros lugares de producción, sin perder de vista que Valdubón es una bodega muy grande en la Denominación de Origen (DO), pero muy chiquitita en Freixenet; somos menos del 0.5% del grupo. Aunque produzcamos más botellas nos vamos a quedar ahí: 1 millón 100 mil es el límite, no vamos por grandes cantidades.

“Con Valdubón queremos que la gente piense en un vino de alta calidad. Es un reto muy fuerte porque no nos interesa producir en serie. Si en algún momento llegamos a bajar calidad, entonces yo ya nada tengo que hacer en esta empresa”, indica Aladro, cuya familia ha estado en el mundo vinícola por cuatro generaciones.

Con estilo propio
Con relación al mercado mexicano, el enólogo expresa que el consumo de Valdubón sigue en aumento, además de que el 90% de sus exportaciones vienen a nuestro país.

“Es nuestro principal mercado externo, sin duda. Aquí vienen todas las gamas: Cosecha, Roble, Reserva, UVX y Honoris. El mexicano prefiere del Crianza para arriba: vinos muy estructurados, muy alcohólicos, muy fuertes; si no has venido a México no lo entiendes.

“Si vienes aquí y pruebas la gastronomía ves el nivel de especias que se manejan en la comida, están acostumbrados a bebidas alcohólicas, potentes, aunque tampoco quiere decir que el Cosecha no guste. Del Reserva se producen 35 mil botellas al año, de las cuales más de 20 mil vienen a México, prácticamente 70% de esa producción”.

Actualmente, destaca, Ribera del Duero es considerada la DO de mayor calidad de España. La variedad nuestra, la Tempranillo, Tinta fino o Tinta del País, es la misma variedad predominante en Rioja. Sin embargo hay factores que marcan diferencias. El suelo es bastante más pobre que el de Rioja, por lo tanto la uva es más pequeña y se necesitan más kilos para hacer un litro de vino. El color está en la piel, la pulpa y la pepita, así que tendré vinos más concentrados que en el resto de España, no quiero decir ni mejores ni peores: son distintos.

“Por otro lado, nosotros vendimiamos en octubre, estamos a 800 metros de altitud. En septiembre, que es nuestro mes clave, durante el día hace calor, estamos a 30 grados; sin embargo en la noche la temperatura baja 20 grados. Si las noches son frías, favorece que los vinos sean más afrutados y que conserven mejor el calor que los Tempranillo de otras zonas. Además nuestros rendimientos son muy bajos.

“Tenemos rendimientos de 4 mil 500 kilos por hectárea. Si la vid produce menos uva, se concentra más la fuerza en esa pequeña producción. Terminamos por tener una uva muy fuerte, muy estructurada, muy apta para hacer vinos con grandes posibilidades de envejecimiento y no tan apropiada para hacer vinos jóvenes. De nuestro vino joven estamos muy orgullosos, pero tenemos capacidad para hacer vinos de crianza”, advierte.

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