Septiembre 19, 2020
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Silencios Estereofónicos

IMPULSO/Félix Morriña

¡Se despidieron en grande!

Fue el último Kiss en la entrepierna de la mexicanidad metalera

A Kiss le debo haber conocido a la familia periodística Reyes Zúñiga de Iztapalapa, durante la presentación del disco “Kiss my Ass” (1994), un tributo de grandes cabrones al cuarteto neoyorquino. Ya nos habíamos topado, pero fue en esa velada cuando nació la amistad, cariño, admiración y respeto que les profeso desde entonces. Esa familia ha estado a lado de toda la crema y nata del metal que haya pisado México y sus fotos los respaldan. Con ellos he cantado desde esa noche “Rock and Roll All Night”, “Plaster Caster”, la inigualable “Hard Luck Woman”, “Calling Dr. Love”, “Detroit Rock City” y “Christine Sixteen”, incluidos en el disco “Beso Negro” como yo le llamo al “Kiss my Ass”.

A Kiss le debo mi infancia rockera, por eso son intocables e inamovibles de mi biblioteca infantil, la cual está llena de materiales dignos de un estudio sicológico, porque se parecen a mi actual refrigerador: ¡vacío eterno! (¡Jajajajajajaja!). Gracias a Kiss soy rockero metalero desde mis primeros años, luego vino el proceso de refinamiento, no se preocupen hijos del Cervantino. Imaginen queridos lectores estar cantando “New York Groove” a los siete años, tocando como guitarra una escoba vieja, de esas que ocupas para limpiarle al perro. Mis padres apoyaron con ese proceso a este #ServibaryAmigo para convertirlo en #DandyperoPunk, gracias a lo cual las mujeres me llaman #ElCinicoMayor. ¡Les agradezco progenitores!

A Kiss le debo gran parte de mi perversa sexualidad, como miles o millones de sus seguidores por el mundo. Kiss enseñó a todos los que crecimos de manera generacional con ellos, la música rock que todo buen amante debe tener para la intimidad, sobre todo si la fémina en cuestión era fiel seguidora del grupo. Kiss enseñó a la comunidad internacional rockera a liberarse, darse y otorgar placer, sin mayor compromiso que el de estar bien consigo mismo y ayudarle al otro a estarlo. Kiss despertó la pistola sexual mental de la masculinidad, cuyos resultados siguen aplaudiendo las féminas que entienden de este rollo. El bajista Gene Simmons, con esa larga y picuda lengua volvió loca a la mismísima veterana cantante Cher, y dícese que son miles las que han pasado por su entrepierna. ¡Dénse, aquí estoy, como diría él, teniendo como fondo la rola “I was MCDMade for Loving You”!

A Kiss le debo haber regresado al Kiss Lounge, justo 24 horas antes de su último concierto en México, dentro de la gira de la despedida y desintegración del grupo, “One Last Kiss: End of The Road World Tour”, la noche del pasado viernes 3 de mayo en el Autódromo Hermanos Rodríguez de la CDMX, cerrando la velada, siendo los estelares de la primera noche de la primera edición de Domination MX. Para los que no lo sepan, el Kiss Lounge es un Museo Bar único en el mundo, museo rockero dedicado, única y exclusivamente a Kiss. Ubicado en plena carretera México-Toluca, en el mexiquense municipio de Lerma, un poco antes de la exclusiva entrada al Club de Golf Los Encinos, donde vive lo más granado de la burguesía nacional. En ese lugar despacha el genial camarada Federico “Kiko” Riojas, dueño del Museo Bar y la figura principal detrás de Kiss, porque él es el encargado de la seguridad del grupo, la seguridad personal de cada uno de ellos, la alimentación particular, detalles y requerimientos del cuarteto de Nueva York. Él es la figura detrás de cada movimiento de Kiss cuando están en México.

A Kiss le debo muchas fiestas, excesos, insano divertimento, abusos fisiológicos a lo largo de mi primera adultez, como también le debo dedicación y cuidado a mi trabajo profesional y personal. ¿Se imaginan queridos lectores y seguidores de mis redes sociales, no ser disciplinado, preparado de manera académica, física y emocional para manejar la industria llamada Kiss? ¡Claro! Kiss es la mejor industria del mundo en la materia, es la maquinaria perfecta para hacer dinero a raudales, es el único grupo en el orbe que cualquier cosa que haga se vende como pan caliente a lo largo de los años, lustros y décadas. A lo largo de casi medio siglo, la Kiss Army, la armada sexual, ha sido el verdadero monstruo del corporativismo rockero musical. ¡Wow, wow, wow! ¡El sexo vende y seguirá vendiendo como nunca antes!

Se les agradece el último show para los mexicanos, la noche del viernes 3 de mayo en el Autódromo Hermanos Rodríguez de la Ciudad de México, justo donde está ubicado el Foro Sol. Esa noche quedó registrada en la memoria colectiva de los fieles seguidores de Kiss porque fue memorable, porque tocaron todos y cada uno de los éxitos de la banda. La raza los fue a despedir como debe y ellos no dejaron cabo suelto.

¡Fue el último beso en la entrepierna de la mexicanidad rockera metalera! ¡Gracias Kiss por todo lo ofrecido! ¡Salud!