Octubre 29, 2020
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SILENCIOS ESTEREOFÓNICOS

Morir en cada letra: ánimas llenan teatros en el Cervantino

Félix Morriña

Sólo ánimas llenarán los espacios teatrales, dancísticos, musicales, operísticos y al aire libre de Guanajuato, otrora destinados a respetable audiencia amante de las bellas artes en México. Por vez primera en seis meses, siento los contradictorios estragos pandémicos emocionales del coronavirus, al saber que nunca será igual con el padre de todos los festivales de habla hispana en el mundo: el Festival Internacional Cervantino (FIC), el cual se transmitirá gratuito en vivo y en directo, a través de plataformas digitales del Gobierno nacional morenista, a través de la Secretaría de Cultura federal, porque no habrá público presencial, sólo equipo técnico calificado para la ocasión en cada escenario y espacio destinado a desarrollar actividades artísticas.

Siento desolación y vacío, como morir en cada letra, al saber que este año 2020, tal vez sea la primera ocasión que no vaya a mi ciudad colonial por adopción cultural, teniendo disposición de cobertura, pero los riesgos siguen presentes más allá de los pandémicos protocolos sanitarios, sino de mi propia estructura ósea, ya que la lumbálgica columna truena a veces como hace un año, justo cuando transité por última vez, de manera tradicional, con bastón en mano y mi dolida fisonomía por ese sufrido corto circuito neuronal, las empedradas, míticas y mágicas calles del bajío mexicano, siempre tras el reportaje que marcara para este #ServibaryAmigo #DandyperoPunk #ElCinicoMayor un antes y después de su propio pasado hecho historia.

Hace un año, todos me decían que no fuera a Guanajuato a la cobertura del Cervantino porque peligraba mi salud y corría el riesgo de quedarme en el camino. ¡Desobedecí, sin arrepentirme de nada! Tenía tantas ganas de vivir la experiencia periodística cultural, como ahora, que obtuve fuerzas extraordinarias para concretar el objetivo. Me decía, como en este momento, que bien vale la pena morir en el escenario, como en el teclado, como en alguna entrepierna femenina, o alguna cantina abandonada por el tiempo, haciendo lo que mejor sé hacer en esta vida: escribir, dejando testimonio de lo vivido para todos los interesados en mis crónicas y narraciones.

Para los que hemos tenido oportunidad de estar en un Cervantino, o un festival cultural de esa magnitud en el mundo, en plan laboral, que nunca lo es, porque uno hace lo que más ama en la vida, y no nos importa jamás dormir como debe, ni descansar hasta que el cuerpo no aguante más, porque no hay tiempo, más que para aprender a vivir las bellas artes como en ningún otro lado lo harías. Todos los que han estado conmigo ahí, como en otros festivales internacionales, saben que esa experiencia es lo máximo.

Jamás se volverán a vivir los Cervantinos como los que tuvimos la fortuna de presenciarlos en la verdadera fiesta del espíritu. Me tocó vivir durante 22 años, la mejor formación en praxis que se le pueda ofrecer a un periodista cultural. Cumplí 22 el año pasado de las 48 ediciones que van hasta el momento, llegó el momento de vivir, adaptándose, a una edición muy diferente, pero con mucho contenido de valía, sólo que serán actos emocionales, sicológicos, físicos y culturales muy distantes, fríos, diferentes y diversos.

Nada como estar en vivo y en directo entrevistando a grandes figuras, como la finada excelsa coreógrafa alemana Pina Bausch; la cantante portuguesa de fado, Teresa Salgueiro, en un ensayo previo a su concierto con Madredeus, en la Alhóndiga de Granaditas; platicar largo rato con traductores en varios idiomas con el pianista y compositor inglés Michael Nyman; de entrevistar al cuarteto de cuerdas Kronos Quartet sobre el escenario del Teatro Juárez, después de su magistral recital; de haber sido el enlace de Prensa y Relaciones Públicas para que la empresa de Ricardo Serafín, La Iguana Internacional, llevara a la hoy famosa y trascendental banda inglesa Radiohead, al “Sanchoz Bar”, el 21 de octubre de 1994. Era la primera vez que Radiohead venía a México, traían bajo el brazo su primer disco “Pablo Honey”. Desafortunadamente, esas fotos con ellos no las poseo, porque ya fueron heredadas.

De entre decenas, centenares de imágenes y sonoros recuerdos, está uno muy peculiar e importante: estar bebiendo de manera discreta a lado de Chavela Vargas, sin que ella tomara gota alguna, porque ya se había acabado todo lo que le tocaba, pero dándome algunos consejos, como nunca beber gaseosas con alcohol. Incluso, mi mejor texto sobre el Cervantino, dicen muchos que me conocen de antaño, quedó registrado en el libro “Festival Internacional Cervantino. Un cuarto de siglo” (publicado en 1997) por el decano del FIC, don Carlitos Ximénez Estrada (quien me cobijó en aquellos años 90 del siglo XX), en donde hablo de mi experiencia en un concierto de Chavela Vargas en el majestuoso Teatro Juárez. El texto se llama “Chavela Vargas, ¿a dónde vas que más valgas?” (Pag. 190).

También, en ese libro, don Carlitos Ximénez, me hizo el honor de hablar de mi idilio con la segunda actriz de la memorable Royal Shakespeare Company, posterior a sus presentaciones teatrales y tras un baile afrocaribeño en el famoso bar La Dama de las Camelias de Guanajuato.

¿Qué decir de todo lo vivido, día tras día, noche tras noche, en el Cervantino del 97? Hace tres años, solía pensar que el resto de mi existencia lo pasaría yendo a beber, como cada año en 22, un buen trago con el Quijote, con Sancho Panza y con Cervantes, afuera del teatro que lleva su nombre. Ahí, hace un año, bebí el trago más triste que haya ingerido en mi memoria. Frente mío, una artesana anciana indígena miraba con discreción mis gestos de dolor por la lumbalgia, mientras cantaba el más largo y “armonioso” lamento en su idioma, que sólo una mujer en la extrema miseria puede soportar. ¡Su dolor, hizo olvidarme del mío!

Por mi delicada salud de entonces, sólo pude empujarme un mezcal, el cual sentí era la botella entera. ¡Quemaba! Le lloré a Cervantes, pidiéndole, cual santo patrono, me dejara estar año con año brindando por las batallas ganadas, de esas que ganadas pierdes todo (lo material), pero te queda vida para volver a intentarlo de nuevo desde cero. Nadie mejor que el Manco de Lepanto para motivarnos de nuevo a ser y estar, para resolver los retos que faltan por venir, para asumir el primer festival cultural internacional en línea, en digital, sin oler las etílicas calles cervantinescas guanajuatenses, sin visitar a los amigos de verdad, sin amor carnal, sin ese aire del bajío que me decía qué calles o rumbo tomar en sus grandes túneles.

Por esos túneles transité sin miedo, acompañado siempre de las ánimas que reciben al ser que les lleva letras en canastos, para luego vender palabras de largo aliento en esos parnasos del bajío. Si la vida no me hace regresar en breve, no importa, ya asumí y acepté la pérdida en el tiempo y espacio, tras semanas de desahogo y depresión. Brindaré por ti querido maestro Cervantes desde Metepec, #PuebloMagico, desde mi Festival Internacional de Arte y Cultura Quimera, el cual también será en digital, pero tiene festejo conmemorativo, 30 años de existencia, de los cuales, 22 he vivido también, porque llevo esa cantidad de años en este mexiquense municipio, desde donde he escrito la mayor cantidad de textos.

Los pesados gratos recuerdos me llevan al piso una vez más, me sumerjo en ellos para luego levantarme con la paciencia de paciente: consciente. Les pido permiso para continuar, me doy permiso de ser quien dirige la orquesta y multiplica las partituras; luego entonces, me preparo mental y físicamente para que del miércoles 14 al domingo 18 de octubre, los #SilenciosEstereofonicos les lleven los comentarios de la cuadragésima octava edición del Festival Internacional Cervantino (FIC). Pueden consultar la programación en la página oficial del festival, como también disfruten del video promocional, no sin antes recordarles: ¡nos buscamos, nos vemos, nos escuchamos, nos entendemos!

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