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¿Presidente o predicador?

IMPULSO/ Luis Herrera-Lasso

Consultor en seguridad y política exterior

Difícilmente se puede atribuir al presidente López Obrador un problema de autoestima. Lo demuestran sus mañaneras en las que, sin importar la complejidad del tema, siempre tiene la respuesta. El pasado 3 de junio, la pregunta fue sobre las restricciones a los investigadores mexicanos para salir del país. Se sostuvo en su punto de que era un despilfarro salir al extranjero a realizar actividades académicas. Que los viajes eran excesivos, sin justificación, mientras en México había niños pobres que se iban a la escuela sin desayunar.

El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) aglutina a 35 mil investigadores. Si consideramos el total de la planta de investigadores mexicanos en instituciones de investigación y educación superior, la cifra rebasa los 60 mil. Lo que para el presidente son “multitudes (sic) o avalancha” de viajes al extranjero —las 300 solicitudes de viaje de los últimos cinco meses—, implican a menos del 0.5 % de los investigadores mexicanos.

Vayamos a los criterios y a cómo y quién decide quienes pueden viajar. No existe un solo investigador afiliado a una institución formal exento de atender los criterios de su institución para salir al exterior. Prioridades y presupuesto son las dos variables. Las prioridades académicas las marcan los colegiados que manejan las instituciones. Los presupuestos son institucionales y/o por proyecto. Sin presupuesto no hay viajes, excepto cuando son invitados por sus pares en el extranjero. Optimizar el uso de los recursos es responsabilidad del director del centro, unidad o departamento, según la estructura. En todos los casos están obligados a dar cuentas pormenorizadas.

Lo que veo —y no lo creo— es un Presidente de la República dedicado a autorizar viajes de investigadores al extranjero —además de todos los viajes de todos los funcionarios de todas las instituciones con algún recurso federal— sin tener la más mínima idea del mérito científico o académico de estos viajes y pasando por encima de todas las estructuras y procedimientos de educación superior e investigación del país. ¿Está en sus atribuciones? ¿En sus capacidades? Cuando le preguntaron sobre los criterios, fue incapaz de remitir a un documento donde se encuentren plasmados.

Me he visto rodeado de académicos e investigadores toda mi vida. Un privilegio que agradezco. Mentes privilegiadas y, sin embargo, no conozco a ninguno que viva boyante. No los he visto utilizar sus habilidades para hacer dinero. En la mayor parte lo que veo es que su honestidad intelectual acompaña a su honestidad personal. Y están furibundos. Se sienten insultados y vejados por el presidente. No pueden creer que los haya puesto en la misma canasta que a los huachicoleros. “Son la misma cosa”, les dijo. La merma de confianza en la figura presidencial no es menor.

El presidente Bolsonaro ha trabajado arduamente en Brasil por reducir la autonomía universitaria. Sin embargo, ni remotamente ha llegado a los extremos del presidente López Obrador. ¿No debía el presidente ocuparse en otros temas que corresponden a su estatus como jefe de estado?

En Osaka están por reunirse los jefes de estado del G-20. En el momento en que México debía articular y amarrar alianzas en un mundo cada día más complejo, nuestro presidente se ocupa de la morralla, confundiendo y complicando la vida cotidiana de los mexicanos. ¿Será que su vocación de predicador le impide ver la responsabilidad que implica ser presidente de la república, lo que lo obliga a respetar leyes y procedimientos y a respetar a todos y cada uno de los mexicanos? ¿Qué parte del respeto al derecho ajeno es la paz, no entendió?

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