Diciembre 13, 2019
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Opinión

IMPULSO/ Andrés Roemer
Untermensch
En 1942, un folleto llegó a los quioscos de periódicos alemanes, titulado “The Subhuman”, editado por Heinrich Himmler y publicado bajo el sello de la SS. Su propósito era educar al público alemán sobre la amenaza supuestamente planteada por “mulatos y bárbaros finlandeses, asiáticos y salvajes de piel negra… encabezados por… el judío eterno… criaturas que son bestias con forma humana”. Los nazis pudieron justificar su superioridad étnica con una sola palabra: untermensch, o “gente inferior”. Himmler fortificó esta ideología en el folleto declarando: “El subhumano es una criatura biológica, creada por la naturaleza, que tiene manos, piernas, ojos y boca, incluso la apariencia de un cerebro. Sin embargo, esta terrible criatura es sólo un ser humano parcial… no todos los que parecen humanos lo son de hecho”. Éste es un ejemplo de deshumanización. Tal como se utiliza en la psicología social, la deshumanización es un concepto que describe un proceso cognitivo en el que los oponentes se ven unos a otros como menos humanos y, por lo tanto, no merecen una consideración moral. Los judíos a los ojos de los nazis, y los tutsis a los ojos de los militantes hutus, son sólo dos ejemplos. La deshumanización es parte del proceso de desarrollar una “imagen enemiga” del oponente. En su libro “Less Than Human: Why We Demean, Enslave, and Exterminate Others”, el filósofo David Livingstone argumenta que deshumanizar a otros funciona para desactivar las inhibiciones contra el daño a ellos. Todos los mamíferos sociales están programados biológicamente para evitar dañar a los miembros de su propia comunidad. Es lo que ayuda a mantener intacto el pegamento social. Según Livingstone, representar a los enemigos como criaturas infrahumanas nos libera para perpetrar atrocidades.
Los psicólogos políticos llaman a este fenómeno “razonamiento motivado”. Esto de cierta forma va así: “No me gustan los pelirrojos. Aunque he llegado a aprender cosas positivas que deberían cambiar mi opinión acerca de los pelirrojos, reacciono rechazándolos tanto o incluso más que antes. Todos los pelirrojos se convierten en mi enemigo y tengo un fuerte deseo de eliminarlos. Incluso la inocencia de su infancia no me engaña, todavía tienen sangre pelirroja y, por lo tanto, también deben ser destruidos”. Daniel Kahneman y Amos Tversky describieron por primera vez el concepto de razonamiento motivado en la década de 1960. Estos pioneros demostraron que la razón y la emoción son inseparables, pero que nuestros sentimientos surgen mucho más rápidamente que nuestros pensamientos conscientes. En palabras de Neil DeGrasse Tyson: “Cuando los hechos son lo que la gente quiere que sea verdad, a pesar de la evidencia contraria, presenciamos el principio del fin de una democracia informada”. ¿A dónde nos lleva esto? Hay una imagen viral circulando en la web que lo dice bien. La imagen muestra ocho lápidas, cada una con un epitafio:
“Armenia 1915-1918 nunca más. Ucrania 1932-1933 nunca más. Nanking 1937-1938 nunca más. El Holocausto 1938-1945 nunca más. Camboya 1975-1979 nunca más. Bosnia 1992-1995 nunca más. Ruanda 1994 nunca más. Darfur 2003 nunca más. Llamar animales a los migrantes que cruzan la frontera de los Estados Unidos 2018 nunca más”.
Es momento que los conceptos de deshumanización se comprendan en todo el mundo. Quizás entonces podamos usar este conocimiento para construir un futuro donde la frase “nunca más”, nunca más vuelva a ser necesaria.

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