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ODISEA DE UN REPORTERO

El colega reportero del diario “Crónica”, Daniel Blancas Madrigal, vivió una verdadera odisea por cumplir con su deber y la orden de información que le diera su director. Su entereza, no exenta del miedo natural que te provoca estar sólo en medio de supuestos delincuentes dedicados al huachicoleo, robo de combustible, en el céntrico estado de Hidalgo.

“Aquí seguimos mandando nosotros”, así inicia la crónica de su aventura, puesto que fue el mensaje de los huachicoleros hidalguenses. Como lo dice, fue un secuestro, y agregamos, salvo su vida.

Como Daniel lo narra, viajó a Hidalgo en busca de las familias a las que el presidente Andrés Manuel López Obrador quiere alejar de las actividades delictivas por medio de programas sociales. El viaje se vio interrumpido cuando fue interceptado por un comando armado que, aseguró, “ser el amo del terreno”.

En aquel territorio desolado y polvoriento, copioso en ductos de combustible convertido en sangre, la frase fue irrebatible:

“Aquí, periodista, mandamos nosotros”, alardeó el hombre, invisible por la capucha, pero con certeza de mando y aferrado a su fusil de alto poder.

Habían pasado alrededor de 30 minutos desde el secuestro, sobre la carretera principal Tepetitlán-Tula, en el estado de Hidalgo. Nada más cercano a la muerte. Nada.

El encapuchado, a quien llamaban jefe, acercó la mirada, como queriendo grabar sus ojos en las pupilas del reportero, ya dilatadas por el pánico.

–Te voy a dar una oportunidad– dijo convencido de tener en sus manos la balanza entre la vida y la muerte. Gobernaba él, su comando armado y las células dedicadas al huachicoleo en la región, pese al tránsito constante y caricaturesco de vehículos militares.

–Gracias– era la única respuesta posible, cuando se ha visto tan cerca el fin.

Lo narrado ocurrió la tarde-noche del vienes 1 de febrero. Se comparte ahora, tras haberse superado las horas posteriores de tribulación y presentada ya la denuncia ante la Fiscalía General de la República, en la cual se abrió una carpeta de investigación por delitos contra la libertad de expresión, privación ilegal de la libertad, amenazas y lesiones.

Antes de su liberación fue objeto de toda clase de vejaciones: golpes, amenazas, insultos. Mientras veía pasar vehículos de las fuerzas armadas, que desde luego no hicieron ninguna parada.

El reportero Daniel Blancas Madrigal, ahora tiene el valor de la denuncia judicial y pública, por ello remitimos a los respetados lectores y radioescuchas, para que lean en su diario Crónica la odisea de este periodista responsable y valiente. Esperamos que prospere su denuncia y se haga justicia.

EN EL ÁTICO

También nuestro reconocimiento al colega hidalguense integrante de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, Alejandro Torres Castañeda, miembro de la Asociación Regional de Profesionales de la Comunicación quien, atento a la información, acudió a la cobertura de la confrontación entre pobladores de Tlahuelilpan y miembros del Ejército Mexicano.

En entrevista nos narró sobre su oportuno arribo, su intento por acercarse a la zona de la fuga y la dificultad de hacerlo ante el olor penetrante que propició la nausea que el cuerpo ocupa como defensa; éste momento le salvo la vida.

En su cobertura logró captar el momento exacto de la explosión del ducto y las escenas dantescas que en segundos arrebataron la vida a decenas de personas. En su narrativa el periodista no dejó de expresar su sentir ante la incapacidad de prestar ayuda a los afectados.