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Mujeres Cautivas

30 de agosto, Día Internacional contra la desaparición forzada

Segunda Parte

Teresa C. Ulloa Ziáurriz

Otro caso es el de la mamá de María José Monrroy Enciso, que también publica en

Facebook sobre el caso de su hija desaparecida en Tecámac, Estado de México, el 21 de Septiembre del 2010:

“Yo me encontraba laborando en mi óptica cuando un sujeto de nombre Geyser

Crespo García solicitó una valoración visual, yo le realicé el estudio y al terminar él se retiró. Una semana después (21.09.10) regresó con el pretexto de ordenar sus lentes. Yo le permito el acceso y es cuando cierra las dos puertas del consultorio. (En ese momento sé que algo malo esta por ocurrir, un temblor recorre todo mi cuerpo, mientras veo a mi hija con esos ojitos grandes y brillantes).

De pronto, él empieza a golpearme y amenazarme con una navaja, me pide que ponga a mi hija en su silla. Yo aterrorizada y pensando en el bienestar de mi bebé lo hago, y es cuando me toma por detrás para cortarme la garganta. No siento dolor. Es algo como un hilo caliente que recorre mi garganta, siento cada segundo y cada movimiento de la navaja al pasar por mi cuello. ¡Pienso en mi hija! Imagino muchas cosas y nada a la vez. Yo caigo y me empiezo a desangrar.

Aún en el piso, y luego de ya dos intentos por levantarme, hago un último intento por buscar a mi hija con la mirada y las pocas fuerzas que aún me quedaban. Puedo ver que toma en brazos a mi hija María José Monroy Enciso de 11 meses de edad, toma el monitor de mi computador y lanza los papeles y objetos de mi escritorio, rápidamente sale del consultorio.

Por unos momentos todo se nubló y no supe más por pocos segundos. Pasan rápido los segundos, se convierten en minutos. Sigo en el piso, nadie sabe que estoy ahí desangrándome, nadie sabe quién se llevó a mi niña, pero yo si lo sé. Yo lo vi. Después de unos minutos yo reacciono y con esfuerzos, en el tercer intento por levantarme.

Salgo de la óptica a pedir ayuda con mis manos cubriendo mi garganta, pues el sonido no sale, me quede sin voz, nadie me escuchaba. Al fin se acercan a ayudarme, ya no supe más de mí.

Me intervinieron quirúrgicamente con una traqueotomía, los médicos me

daban pocas esperanzas de vida. De no morir en el quirófano o en la recuperación, podría perder la voz. Después de una semana reaccioné, pido rápidamente información de mi hija, con la esperanza de que ya estuviera en casa o con alguno de mis familiares. Pregunto y me dicen ¡no la encontramos!

Yo hago mi declaración por escrito en el hospital, pues no podía hablar. Doy la media afiliación del sujeto que se roba a mi hija. Hasta esa semana nadie ha hecho nada por encontrar a María José, no existía la Alerta Amber, nadie acudió con mi familia, quienes se encontraban desesperados en minutos que valían oro. Solamente ellos, mi familia, han hecho lo que está en sus manos por localizarla.

Un mes después, en octubre, cumpliendo mi hija ya 1 año de vida, es detenido un delincuente porque una niña de 14 años lo denunció como su violador y las autoridades se dan cuenta que es el mismo que se robó a mi hija María José. Yo lo reconozco plenamente, él declara haber asesinado a mi hija y haberla arrojado a un canal de aguas negras.

Sin embargo, buzos de la marina entraron al lugar y sólo encontraron 2 cuerpos de adultos flotando, ya de más tiempo, pero el de mi hija no. Dos cuerpos sin nombre, una búsqueda hecha por compromiso, un arresto logrado por mera casualidad y un criminal protegido por el excesivo garantismo penal, ¿De quién eran los cuerpos? Al parecer en México eso no importa.

Hasta la fecha Geyser tiene una sentencia por intento de homicidio en mi persona a 15 años, el caso de mi hija por privación de la libertad y el caso de la niña de 14 años aun está en desahogo de pruebas. Está comprobado que el sujeto miente en sus declaraciones, pero han pasado 10 años y nadie ha logrado que hable con la verdad. Mi familia y yo luchamos por encontrar a María José pero encontramos trabas pues Derechos Humanos protege a este tipo de delincuentes, mientras tanto aún no sabemos dónde está mi hija. La única persona que puede decir dónde está, al parecer, jamás lo dirá, las personas que podrían ayudarnos a obligarlo a declarar tampoco están dispuestas a colaborarnos.

No hay modo de castigar a un asesino confeso, protegido por la #CNDH en cuanto a sus garantías, no hay una sentencia por la violación de la menor de 14 años, lleva el proceso CINCO INEXCUSABLES AÑOS, no hay postura de las autoridades, no hay justicias para la familia, no hay respuestas de la única persona que las tiene.

Ya hoy está sentenciado a 183 años de cárcel, sin embargo no hemos podido encontrar a mi hija. Pero mientras no la encuentre y yo tenga vida, la seguiré buscando”

Así como estos testimonios podemos compartirles muchos otros que son muestra de cómo actúan las autoridades, violando el principio de la debida diligencia, donde las autoridades se convierten en cómplices de los criminales, por omisión. Sólo nos queda seguirlas buscando.