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Juárez, fundador del Estado laico

La separación de la Iglesia y el Estado representó un proyecto que buscaba minar los privilegios desmedidos que poseía un sector limitado de la población.

IMPULSO / Redacción

Nacido en el seno de una familia pobre de origen zapoteco en el pueblo de San Pablo Guelatao, Oaxaca, Benito Juárez García se convirtió en uno de los presidentes que logró instaurar una enorme cantidad de beneficios políticos en México; no solo eso, su trabajo y lucha se tradujeron en un legado que tiene como principal pilar la fundación del Estado mexicano tal como lo conocemos: laico, independiente y soberano.

La laicidad del Estado mexicano es uno de los más grandes compromisos y proyectos de Benito Juárez a lo largo de toda su vida política; así lo demostró en 1844 cuando luego de ser nombrado secretario de Gobierno en el gabinete del gobernador de Oaxaca, Juárez presentó su renuncia ante el intento de las autoridades de consignar a quienes se negaban a pagar el diezmo a la Iglesia.

Para Juárez la separación de la Iglesia y el Estado representó un proyecto que buscaba minar los privilegios desmedidos que poseía un sector limitado de la población en detrimento de uno más grande y de la autonomía del Estado, el cual velaba por intereses particulares resguardados por la Iglesia.

Tras la caída de Antonio López de Santa Anna con la Revolución de Ayutla y la llegada a la presidencia de Juan Álvarez, Benito Juárez fue nombrado ministro de Justicia, posición desde la que emitió la Ley Juárez, la cual limitaba el poder e influencia del clero en asuntos civiles. Promulgada el 23 de noviembre 1855, esta ley suprimió el fuero eclesiástico y el militar en materia civil.

Tras su irrupción, la ley obtuvo la reprobación por parte de los conservadores y la más alta autoridad eclesiástica, la cual la calificó como violatoria de los derechos de la Iglesia católica aludiendo al derecho divino, e incluso generó malestar en el Vaticano.

La diferencia radical de posiciones sobre este tema entre conservadores y liberales se agudizó con la promulgación de la Constitución de 1857 durante el gobierno de Ignacio Comonfort, época en la que Juárez se desempeñó como ministro de Gobierno y presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La nueva constitución hizo frente a los intereses de la Iglesia católica, pues puso fin a muchos de sus privilegios, entre ellos el fuero y la adquisición y administración de bienes raíces.

La oposición a este nuevo régimen desató, para finales de 1857, que los conservadores, apoyados por algunos liberales, dieran un golpe de Estado cuya finalidad tenía anular toda la legislación liberal.

Este hecho dio inicio a una disputa engendrada por cuestiones religiosas que es conocida como la Guerra de Reforma o la Guerra de Tres Años.

Tras el golpe de Estado, Juárez arribó en 1858 a la presidencia por ministerio de ley e hizo frente al gobierno paralelo encabezado por Félix Zuloaga, quien fue nombrado por los conservadores presidente interino a través del Plan de Tacubaya, apoyado por Ignacio Comonfort en busca de derogar la Constitución de 1857.

Cerca de la culminación de la Guerra de Reforma y durante su presidencia posterior al conflicto, Juárez promulgó las denominadas Leyes de Reforma, un conjunto de decretos emitidos entre 1859 y 1863 que tuvieron como objetivo consumar el proceso de separación de la Iglesia y el Estado.

Algunas fueron la Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos (1859), Ley de Matrimonio Civil (1859), Ley Orgánica del Registro Civil (1859) y la Ley de Libertad de Cultos (1860).

Con estas leyes se desamortizaron lo bienes de la Iglesia, se estableció el matrimonio como un contrato civil, el registro de las personas quedó a manos del gobierno y no de las iglesias, se puso fin a la intervención del clero en los cementerios, se prohibió la asistencia oficial a funciones religiosas, la religión católica dejó de ser la única permitida, se estableció la libertad de cada persona a profesar el culto de su elección, se secularizaron hospitales y establecimientos de beneficencia, y se decretó la exclaustración de monjas y frailes, entre otras acciones.

El legado de Benito Juárez y su lucha por la constitución de un Estado independiente hacen que el Benemérito de las Américas sea considerado una de las figuras políticas más importantes de la historia de México y que su nombre sea en automático aludido a temas de laicidad.