Julio 15, 2020
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Guardia Nacional: nueva versión

IMPULSO/ Edgar Elías Azar

La idea de una Guardia Nacional, unificada y guiada por las fuerzas militares, ha acarreado toda clase de críticas y ha levantado todo tipo de sospechas; muchas de ellas con razón, muchas otras, derivadas de la experiencia social y de la imagen de violencia que vive el país.

Y no es para menos. La mera idea de arrojar la seguridad interior en manos del ejército suscita toda clase de miedos. A nadie, por las razones que sean, le gusta ver a los militares en las calles: pues en el estereotipo más común, eso implica que algo no anda bien.

Sin embargo, ahora la Guardia Nacional se re-define; adquiere nuevos términos. Se ha anunciado la completa colaboración de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en los trabajos de implementación de la Guardia Nacional. El propósito es que el nuevo cuerpo de seguridad sea formado por la ONU para que éste lleve inscrito el ADN de los derechos humanos.

Esto me parece, hasta ahora, uno de los logros más relevantes para la actual administración. La cooperación de organismos internacionales y la idea de sumergir el proyecto entero en el esquema normativo de los derechos humanos, es la única forma en que los nuevos cuerpos de seguridad gocen de esa legitimidad y de ese reconocimiento del que, por desgracia, en la actualidad, no todos los cuerpos policíacos gozan.

La legitimidad en los cuerpos de seguridad es un requisito indispensable para su sano funcionamiento. Una policía que no cuente con la credibilidad de sus ciudadanos, es una policía que no funcionará jamás. Eso lo sabe bien el artífice de este rediseño. Pues de eso se trata, rediseñar aquello en lo que no se creía bueno.

Un buen político sabe que su fuerza no está en reconocer lo que está mal y repararlo o en mejorar lo que está bien, sino en saber cuándo y cómo implementar aquellas ideas que impactarán en el futuro. Es decir, que el ámbito de un buen político no es el “hoy” ni el “ayer”, sino el “mañana”.

Marcelo Ebrard ha sabido muy bien reconocer esos tiempos, gracias a un ejercicio digno de política exterior y de experiencia internacional ha reubicado el tema de la Guardia Nacional, ahora, colocándola en términos de una democracia. Sano e inteligente movimiento que, con seguridad, repercutirá en el futuro de todos.