Diciembre 14, 2019
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Gobernar por decreto, es autoritarismo

IMPULSO/ Gonzalo Vaca

Columnista

Si ser neoliberal representa ser parte de la competencia abierta entre sectores, fomento a la libre empresa, a una apertura comercial sólida y promoción de la inversión privada directa en infraestructura y proyectos de desarrollo que impulsen el libre mercado y las exportaciones, con la consecuente generación de empleos y de oportunidades, los mexicanos deberíamos estar muy preocupados y ser los primeros en oponernos a las ocurrencias por decreto.

Ya hay un antecedente. Por decreto AMLO declaró “el fin de la guerra contra el crimen organizado” y pese a su anuncio, los criminales siguen en las calles cometiendo crímenes atroces; para él ya no hay crimen, con lo que da inicio a la manipulación de los datos y al ocultamiento de las bases abiertas y el acceso a la información pública, que era una de las conquistas de la democracia moderna y participativa, que la sociedad había logrado en los últimos lustros.

Ahora, el mismo AMLO anuncia -también por decreto- el fin del neoliberalismo más como una venganza y tomando revancha (que para eso quería el poder) y no viendo el contexto internacional o como dicen los especialistas del coaching: sin ver todo el bosque floreciente y que da frutos, para fijar su mirada solamente en un árbol sediento y marchito, pero con una raíz fuerte que tal vez lo que requiere es una delicada podada y algo de abono para florecer.

El neoliberalismo que hoy acaba por decreto del autoritarismo logró apoyar al Estado mexicano a superar rezagos sociales al diversificar las fuentes de generación de energía, de empleo, de tecnología, de desarrollo y con otras muchas más bondades que llegaron a  colocar a México como la economía número 15 del mundo.

Permitió que otros actores, además del Estado mexicano, participaran en la oferta de servicios, generaron competencia, bajo leyes y términos reglamentarios; permitió además que las personas tuvieran mayores y mejores opciones de elegir entre distintas alternativas para el consumo de un servicio o de un bien.

El Estado pudo generar las condiciones adecuadas para fomentar la inversión, pública y privada, promover un marco legal y equitativo para todos y alejarse del pasado cuando el estatismo fue visto como tendencia para exaltar la plenitud del poder en todos los órdenes y como la visión de que todo el poder político y económico en la sociedad debe sustentarse en un gobierno altamente centralizado.

Ya se demostró que el estatismo, instituido como forma para equilibrar las relaciones de poder entre el gobierno y los ciudadanos, fracasó cuando comenzó a dar muestras de su decadencia allá por los años 80’s con la toma de decisiones arbitrarias y financieramente inadecuadas que hicieron detonar la crisis económica que llevó a la pérdida del poder adquisitivo y a una constante inflación-devaluación del peso, con los consecuentes daños a las familias mexicanas.

Recordemos que durante el periodo de López Portillo el “crecimiento” del país fue ficticio porque la mayoría de las industrias paraestatales produjeron a costos desmesuradamente altos, que las obligaba a operar en números rojos y a no ser competitivas ni siquiera en el mercado interno, a no ser porque el erario público cubría sus pérdidas a través de generosos subsidios, en detrimento, principalmente, de las clases medias que dejaron de ser el motor del desarrollo.

Las decisiones poco responsables, que sumadas a la falta de visión y al autoritarismo de AMLO desde el gobierno federal, terminarán no sólo por reducir a cero los pocos o muchos beneficios del neoliberalismo, sino a multiplicar la desigualdad.

El otorgar por decreto alzas generalizadas de sueldos y salarios, elevará los costos de producción, sumándose a una cada vez más restringida planta productiva carente de competencia y competitividad.

Ya las primeras muestras están a la vista. Regresan las huelgas de meses y el consecuente cierre de fuentes de empleo.

Por todo lo anterior preocupa muchísimo que ahora de un plumazo, AMLO se llene la boca y decida por decreto dar fin a lo que él llama neoliberalismo. Regresar al control de precios, a cerrar las fronteras a la inversión, al acceso de nuevas tecnologías, como lo es la intención de petrolizar nuevamente la economía nacional, destruyendo por decreto el avance en materia turismo, educación e investigación, debe ser preocupante.

Por lo que se observa, los ataques sistemático a los entes de fiscalización, a los que dan estabilidad democrática, como son los organismos autónomos y en el colmo de la vergüenza los ataques al Poder Judicial, no son de manera fortuita, son parte de toda una estrategia para desestabilizar a las instituciones y erigirse él como el todo poderoso y como único salvador de la Patria.

Para el Centro de Estudios Sociológicos del Colegio de México, el neoliberalismo permite al Estado “descansar parte de sus presiones” en otros en temas como la salud, educación e incluso la política social, pero si el Estado soy Yo, como lo cree AMLO y deja de lado su verdadera responsabilidad social, más de una generación habrá de lamentar este salto al vacío que sin paracaídas impactará fuertemente contra la dura realidad y causará graves consecuencias para la integridad social y la salud de la República. ¡Se los dijimos!