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Gerardo Edmundo Viloria Varela

IMPULSO/Mtro. Marco A. Rodríguez Blasquez

Artículo

Siempre será difícil despedir a un amigo con quien se compartieron innumerables vivencias, que con el paso del tiempo van fortaleciendo la amistad. Decidí compartir estas breves reflexiones y memorias para honrar la invaluable amistad de mi amigo y compadre Gerardo Viloria.

Su viacrucis se inició hace dos años, según testimonios de Mariel, su entrañable compañera y amiga quien a lo largo de los años compartió el amor, el dolor y se sumó a la lucha de Gerardo contra un destino que estaba ya pactado, pues los doctores le pronosticaban no más de tres meses de vida.

Ante este pronóstico aterrador, que a la gran mayoría le modificaría radicalmente la forma de ver y vivir la vida, sumergiéndose en la tristeza y la desesperanza, para Viloria constituyó un acicate para no bajar la guardia, pareciera que quería ganarle la carrera al lamentable designio.

Además de su actividad cotidiana, continuó trabajando en distintos proyectos, el último de ellos consistente en un periódico digital, que tengo entendido continuará mi ahijada Anthia Viloria, a quien le auguro el mayor de los éxitos; estoy seguro que las enseñanzas de mi compadre Gerardo, dejarán una huella indeleble a través del trabajo de su hija.

Viloria, por cuyas venas corría la sangre del periodista, egresó de la facultad de derecho de la UNAM, y a lo largo de su desempeño profesional recibió distintos reconocimientos como doctor honoris causa. Fue un especialista en el análisis de grupos de presión en América Latina, especialidad que estudió en las universidades de Princeton y Yale; becario del Instituto de Estudios Políticos de Madrid, donde desarrolló un estudio y análisis de grupos de presión en África del Norte, continente donde también residió durante varios meses con su inseparable pareja Mariel.

Con Gerardo acostumbraba reunirme periódicamente a desayunar o a comer, abordábamos tanto temas nacionales como del Estado de México, e invariablemente hablábamos de su natal Oaxaca,principalmente de temas políticos. El último encuentro fue a finales del año pasado, cuando también contamos con la compañía de otro entrañable amigo, Francisco Ríos Leyva.

Una semana antes de su deceso, Gerardo y yo tuvimos comunicación telefónica, que se había hecho costumbre durante las últimas semanas debido a su condición de salud. La última llamada la atendió Mariel y me dijo que mi compadre se encontraba hospitalizado, aún recuerdo sus palabras: ahora sí veo sumamente delicado a tu compadre.

Conocí a Viloria en el año de 1983 en la ciudad de Mérida Yucatán, ambos colaborábamos con el General Alpuche Pinzón, Gobernador de ese Estado. Gerardo como asesor político y yo desempeñando funciones en la Secretaría Particular de la Oficina del Gobernador. Ante la inesperada renuncia del Gobernador, y luego que se hizo pública la noticia, se comentaba que se había tratado de una maniobra política, orquestada desde la ciudad de México, por parte de Emilio Gamboa Patrón, quien fungía como secretario particular del Presidente Miguel de la Madrid, el Secretario de Gobernación Manuel Bartlet, y la política yucateca Dulce María Sauri.

Ante la llegada del Gobernador interino Víctor Cervera Pacheco, se desató una persecución contra funcionarios vinculados al General Alpuche Pinzón, destacando la captura del C.P. Calvaen la alameda central de la actual Ciudad de México para ser trasladado a Yucatán, quien operaba en el sistema de agua potable del Estado; así como de un ingeniero de apellido Pichardo, quien fue responsable de la obra pública, se le trasladó de la ciudad de Miami al estado de Yucatán.

Infiero que por el hecho de ser “extranjeros en un territorio ajeno”, Viloria y yo recibimos amenazas. Por ese motivo Gerardo abandonó la ciudad de Mérida, solicitando mi apoyo para estar al pendiente de Mariel y sus hijas Marielita y Anthia,mientras resolvía su situación, más adelante la familia crecería con Itzel y Veraní.

Ante las circunstancias me trasladé a la Ciudad de México, al barrio de San Gerónimo, a la casa del Dr. Gustavo Baz Prada, (quien me había presentado años antes, al Gral. Alpuche Pinzón, ambos siendo Senadores). El Dr. Baz Prada se comunicó vía telefónica con el Gobernador interino, solicitándole que garantizara nuestra integridad en territorio yucateco, más aún cuando Viloria y yo en nuestras funciones no habíamos tenido presupuesto asignado.

Durante varios años perdimos comunicación, y fue hasta 1994 (hace 25 años) cuando recibí una llamada telefónica de Viloria desde la ciudad de Oaxaca, en donde se desempeñaba  como Presidente de la Cruz Roja, y alternaba su función con un programa radiofónico de denuncia pública que era escuchado en gran parte del Estado. Viloria había denunciado a personajes que estaban cometiendo actividades ilícitas, motivo por el cual él y su familia fueron amenazados, situación que motivó que a los dos o tres días de que recibiera la llamada telefónica, se trasladó con su familia a la ciudad de Toluca. Ciudad que lo acogió hasta el día de su deceso.

Gerardo siempre continuó impulsando lo que a él más le motivaba, la investigación periodística, y a la par combinó esta actividad con el servicio público en el gobierno federal y estatal.Fue invitado por Don Mario Santaella a colaborar en el periódico la Prensa, y más adelante comenzó a publicar diariamente sus columnas,En Voz Alta y Ejercicio del Poder, además de su columna semanal en el diario Milenio; creó uno de los primeros portales digitales, Imagen política de México y el mundo.

Al incursionar en el servicio público,fue asesor del ex -Gobernador Emilio Chuayffet, siendo responsable de la elaboración de los discursos del mandatario, y durante varios años se desempeñó también como Delegado en el Estado de México de CONALEP. Recientemente, en este inicio de la Cuarta Transformación, Gerardo Viloria le dio siempre el beneficio de la duda al Presidente Andrés Manuel López Obrador, diciendo: Si ya le dimos la oportunidad a Fox que era una gran promesa para el desarrollo de México, y obtuvimos un rotundo fracaso, ¿no es injusto negársela a AMLO?, cuestionaba en las discusiones acerca del nuevo gobierno.

Gerardo Viloria fue un gran amigo para mí y para mi familia, al igual que para muchas otras personas, gracias a su calidad humana. Y parafraseando a Alberto Cortez,

“Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío,  que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”.

Dos ideas potentes, que marcan la vida de los seres humanos: la amistad y la muerte. A través de los siglos se han escrito ríos de tinta acerca de estas dos ideas, filósofos, artistas, religiosos, místicos, científicos, etc. Han tratado de adentrarse en lo profundo de la reflexión en torno al valor de la amistad, así como a la implacabilidad de la muerte. Ambas, la amistad y la muerte, nos permiten vernos como iguales, sin distinciones ni rangos, sólo como miembros de una misma especie.

La amistad nos acerca y nos engrandece, la muerte nos aleja, pero no deja de enaltecernos, siempre y cuando el sendero recorrido haya dejado más frutos que destrucción, más amor y compasión, que ira y desprecio por nuestros semejantes. Es quizá la amistad el valor o la virtud más noble, la que exige menos a cambio, sólo lealtad.Siempre recordaremos a Gerardo Viloria, por haber sido un amigo entrañable.

Director de BGC Consultoría Estratégica.