Septiembre 15, 2019
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ENTRE VISIONARIOS Y VISIONUDOS

IMPULSO/ Luis Ángel Sánchez R.

Analista Político

Pendiente de la “4-T”: Desmitificar al narco.

(Segunda parte)

Comentamos en la entrega anterior (29-01-19) que era responsabilidad del Estado -mexicano en nuestro caso y, léase tal cual: gobierno-, diseñar y aplicar políticas públicas, acciones específicas de gobierno en materia de comunicación social (considerando a la comunicación social como todo un rubro de la ciencia de la comunicación y no sólo como un área más de la administración pública), para mostrar a la sociedad no solo la realidad acerca de los delincuentes, es decir, que sólo son delincuentes y que con sus acciones, por heroicas que las hagan parecer los medios de comunicación, dañan a la sociedad, a las personas -como Usted o yo-, amable lector, y que esa apología, esa admiración que han generado los medios de comunicación comerciales, con fines no más que comerciales es, en cierta y clara forma, dañina a la sociedad- aclarando-, si es que no se establece un equilibrio entre la fantasía y la realidad, esto es, la fantasía que desborda ese “deber ser-actuar”, que establece el derecho, en principio, y la ética después, y la realidad del “ser-hacer”, de lo que realmente hacemos,  con sus consecuencias y efectos.

Claro que esta idea es más que compleja, totalmente abstracta y subjetiva o sea que no me crea nada, amable lector, porque al final de cuentas la realidad muestra que esa “admiración” que naturalmente se siente por el “malo”, el “poderoso”, es una tendencia humana natural, naturalmente no tan sana en primera instancia, pero real y por tanto incuestionable en su existencia; sin embargo, este y todos los espacios de comunicación son eso, “espacios de comunicación”, que permiten “comunicarnos”, y por ello intercambiar ideas, de ahí el por qué en cada participación en medios de comunicación se aporta la dirección del correo electrónico, para comunicarse, es decir, enviar y recibir mensajes, intercambiar ideas y con ello “conversar”, esto es, como dijeran los que dicen que saben de lingüística, “entreverar los versos-juntar las voces para nutrir a quienes las emiten de forma simbiótica”.

Disculpándome con Usted, muy apreciado y amable lector, por la aparente digresión, le comento que poco antes “del cierre de información”, para esta columna, platicando con un amigo que es abogado penalista, comenté sobre esta “etiqueta” que ya le dieron algunos periodistas y comunicadores  al juicio que está siguiendo en Estados Unidos (no en México, como debiera ser, por simple sentido común), este personaje del crimen organizado del narco apodado “El Capo”, en cuanto a que se dice en los medios de comunicación que es “el juicio del siglo”.

Este amigo abogado -especializado en Derechos Penal y de Amparo-, me comentó que si bien no podía considerarse como eso, “El juicio del siglo”, porque han habido casos mucho más ventilados en los medios y de mayor trascendencia, jurídicamente sí podía ser considerado como, en efecto, el juicio de la década, pero sólo por la estrategia jurídica de la defensa del “Capo”, que está convirtiéndolo en “víctima” de uno de sus cómplices en el crimen organizado, es decir, ahora resulta que él, “El Chapo”, sólo recibió órdenes para delinquir y no lo hizo como líder de delincuentes, y por ello se vislumbra la posibilidad no solo de librar la prisión vitalicia sino de, incluso, una condena que le permita salir en libertad en un tiempo razonable en cuanto a su rango posible de vida, esto es, para que no muera en prisión por causas naturales…”peliculesco”….¿No?   [email protected]  .