Abril 14, 2021
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Enrique González Rojo Arthur dio a legado a la literatura y pensamiento filosófico mexicanos

IMPULSO/ Redacción

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) lamentaron el deceso del filósofo, poeta, profesor universitario, intelectual crítico, militante partidista y puntero de la autogestión, Enrique González Rojo Arthur, quien deja un gran legado en las letras del país.

Al respecto, la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Alejandra Frausto Guerrero, comentó: “Lamento profundamente la muerte del poeta Enrique González Rojo, un hombre sabio. La fuerza de su poesía perdurará, su pensamiento filosófico siempre claro y brillante. Un hombre de izquierda que nos dio tanto. Mi pésame a sus hijos, Guillermo y Graciela”.

Por su parte, la directora general del INBAL, Lucina Jiménez López, comentó que el Instituto promoverá la recuperación y divulgación de la obra del poeta y filósofo González Rojo, heredero de una gran tradición familiar de poetas que han sido fundamentales para la literatura mexicana. Su obra es contundente, junto a su postura ética frente al poder y la vida cultural de México.

Deja un hueco no solo en la literatura, sino también en la filosofía. Fue, sin lugar a dudas, un personaje singular en la cultura mexicana, tanto por el entramado de su pensamiento, el cual se ha vertido en decenas de libros, como por su teoría de la lucha de clases y su forma de abordar la poesía como un aparato de altos vuelos intelectuales.

Enrique González Rojo Arthur (1928-2021), en sus versos, enarboló motivos filosóficos, políticos y de todo género sin perder su estructura poética; y en sus escritos filosóficos tomó como tema la poesía o la política; todo lo que escribió se apoyó en concepciones filosóficas, con una estilizada narrativa literaria.

Heredero de una familia que incluye a los intelectuales Enrique González Martínez (1871-1952), su abuelo, y Enrique González Rojo (1899-1939), su padre, los libros se convirtieron en una pasión de forma temprana para él. En el ámbito de la literatura, escribió en los géneros de poesía (su obra más extensa con más de 20 libros), cuento, novela, ensayo y autobiografía, además incursionó en el psicoanálisis, la música y el cine.

En 2015, entregó el acervo reunido por la familia González Rojo desde finales del siglo XIX, con más de 12 mil libros y revistas a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

En 2019, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) le rindió un homenaje por su aniversario, al cual no acudió por problemas de salud, sin embargo, en esa ocasión su hija Graciela González Phillips recordó que González Rojo-Arthur nació en un ambiente rodeado de libros, “la atmósfera le fue propicia. La educación de su abuelo sembró en Enrique una afición y un gran placer por la cultura. Desde muy joven, cuando le preguntaba por un libro, sabía cuál era su lugar en la biblioteca. Se había convertido en el bibliotecario de la casa”.

González Rojo Arthur logró un perfil de escritor único e inclasificable. Es descendiente de una dinastía de poetas mexicanos que han caminado a la par del desarrollo de la literatura en México; desde el modernismo en la época vanguardista de los Contemporáneos hasta la actualidad, por lo que pasará a la historia como uno de los animadores de la vanguardia prosística de los años cincuenta al lado de Eduardo Lizalde, Marco Antonio Montes de Oca, Arturo González Cosío y Rosa María Phillips.

Humanista, al tiempo de ser también un lector de la historia, se graduó en 1959 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con la tesis: Anarquismo y materialismo histórico. Realizó el doctorado en la misma disciplina y un posgrado en Lógica. Fue profesor en la Escuela Nacional Preparatoria, la Facultad de Filosofía y Letras de UNAM, de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y en la Universidad Autónoma Metropolitana, casa de estudios que en 2016 lo reconoció con un doctorado honoris causa y publicó su libro: Salir del laberinto y Empédocles.

Recibió el Premio Xavier Villaurrutia en 1976 por El quíntuple balar de mis sentidos y el Premio Nacional de Poesía “Benemérito de América” (2002), en Oaxaca, por Viejos.