Agosto 24, 2019
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De Política Cultural

IMPULSO/   Juan Carlos Galindo Olivares

: ¿Hacía dónde va la cultura en la 4T? Parte I

Analista y hacedor de políticas públicas

Tanto la política como la economía intentan apropiarse de los conceptos y la cultura no es la excepción, en el primer caso debe entenderse como las acciones tendientes a generar cohesión social que culmina en la construcción de comunidad, término aún vago y que fue utilizado desde el documento el poder de la cultura publicado el 19 de junio del año pasado (2018), escrito en el que se definía la política en materia cultural y su relación con los derechos humanos, en principio se vislumbraba como un gran logro y se esperaba que su hechura en el Plan Nacional de Desarrollo fuera densa -pero como es de saberse el Plan fue redactado por el mismo presidente, quien tuvo problemas con el ahora ex Secretario de Hacienda quien a su vez redacto otro y que con base en su criterio de AMLO, el Plan Nacional de Urzúa era tecnocrático-, sin embargo, resulto ser el escrito inicial el que explicaría mejor la orientación estatal que se tendría para la cultura.

Por otro lado, la cultura entendida desde la economía la podemos entender como un recurso en reserva, para esto el Banco Interamericano del Desarrollo (BID) la encasilla la cultura como un proceso innovador que puede generar valor agregado, a ello el BID ha definido como la economía naranja y con proyección a las industrias culturales, que no buscan el fortalecimiento del tejido social, sino la entrada al mercado de los bienes y servicios culturales bajo argumentos multiculturalistas que a su vez genera recursos económicos a aquellos que ni siquiera están relacionados con la cultura que comercializan, lo anterior ha sido argumentado bajo la noción de innovación administrativa, que termina siendo una orientación utilitarista de la cultura.

Lo que implica que en estas dos vertientes se define el rumbo de la cultura, sin embargo, es tarea del Estado la de garantizar, salvaguardar y difundir el multiculturalismo, la transculturación y la endoculturación, con el objetivo de evitar la aculturación.