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COMENTARIO A TIEMPO EL PRESIDENTE DEL SUPREMO ESPAÑOL SANGRA POR LA HERIDA

Por Teodoro Rentería Arróyave

Para jueves 9 de septiembre de 2021

Después de casi tres meses de que el presidente español, Pedro Sánchez decidió, en una acción de concordia, indultar a los PRESOS POLÍTICOS CATALANES injustamente detenidos, enjuiciados y sentenciados, el presidente del Tribunal Supremo Español, Carlos Lesmes Serrano, sangra por la herida. Ante su rey llora como una Magdalena por la decisión presidencial y trata, sin lograrlo, de justificar el abuso de los juzgadores.

Dejemos que el colega Antoni de Pàdua Bassas, el reputado periodista catalán que ha trabajado y trabaja principalmente en su lengua materna, formando parte actualmente del equipo directivo del periódico catalán Ara, sea el que nos obsequie su análisis, que recibimos de nuestro corresponsal en Catalunya, Joan Vila.  

“Al presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, no le gustó que Pedro Sánchez justificara los indultos de los presos políticos con el argumento de que “los valores constitucionales eran la concordia y la mutua comprensión y no la venganza o la revancha”. Esto lo dijo el presidente español hace tres meses y medio. Y como a Lesmes no le gustó, se lo guardó, y ayer -6-09-21-, ante el rey, le contestó:

“Sirva de ejemplo lo ocurrido recientemente con ocasión del ejercicio de la prerrogativa de gracia de la que se están beneficiando determinados dirigentes políticos condenados por este Tribunal Supremo. Cuando se ha llegado a contraponer para explicar la indulgencia y la concordia ante el resentimiento, como si la acción de la justicia al aplicar la ley que a todos nos debemos fuera un obstáculo para la convivencia u obedeciera a razones diferentes previstas por las normas. Nada más alejado de la realidad. La función de los jueces y magistrados juzgando y haciendo ejecutar lo que es juzgado no se corresponde de ninguna forma con la idea de revancha o con el sentimiento de rencor”.

Lesmes se agarra a la teórica imparcialidad de la justicia para defender la sentencia del Supremo contra los líderes independentistas catalanes. Lo que Lesmes nos quiere hacer creer es que los jueces del Supremo vieron unos hechos, abrieron el Código Penal y aplicaron a los hechos el delito que les correspondía con la frialdad de los ojos vendados de la justicia que sostiene unas balanzas.

Por favor. Los jueces procesaron a los presos políticos por rebelión, cuando no hubo ningún levantamiento armado. Los acusaron de sedición, cuando más de un centenar de catedráticos y profesores universitarios españoles firmaron un documento en el que argumentaban que aquello no era sedición. Los hicieron ir y venir de la prisión cada día, les negaron derechos penitenciarios, no quisieron ver los vídeos hasta el final, se negaron a la traducción simultánea del catalán, dieron por buenos los atestados de la Guardia Civil, vieron cómo por los mismos hechos el mayor Trapero era absuelto en la Audiencia Nacional.

Está claro que vistieron de juicio justo lo que no era más que el cumplimiento de una orden real, “¡A por ellos!” Los jueces del Supremo se sintieron muy cómodos a caballo de la efervescencia nacionalista española que desató el Procés. Por eso, Lesmes dice: ¿cómo pueden ser los jueces del Supremo los artífices de ninguna venganza si la mayoría de los españoles vieron en nosotros a los serenos salvadores de la patria? Lesmes dice que ellos no eran un obstáculo para la convivencia. LA JUSTICIA ES UN OBSTÁCULO PARA LA CONVIVENCIA CUANDO NO ES JUSTICIA.

¿DE QUÉ INDEPENDENCIA DEL PODER JUDICIAL ESPAÑOL HABLA EL PRESIDENTE DEL TRIBUNAL SUPREMO?

UN RECUERDO PARA LOS EXILIADOS Y PARA LOS REPRESALIADOS”.

No unimos a ese recuerdo y no cabe la menor duda: Lesmes es tan chiquito, que a tres meses, sigue sangrando por la herida.