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COMENTARIO A TIEMPO EL APOCALIPSIS QUE DEBEMOS FRENAR (III)

Por Teodoro Rentería Arróyave

Para viernes 25 de septiembre de 2020

Al hijo colega, Teodoro Raúl Rentería Villa, en un aniversario más de su vida de desarrollo y éxito, sin interrumpir, pese a la pandemia que nos agobia, su labor periodística. Felicidades hoy y siempre.  

TERCERA PARTE

El pasado domingo subimos a las redes la parte fundamental de la entrevista que realizó el diario digital Infobae al doctor Allan J. Lichtman, profesor de historia de la American University, quien desarrolló un sistema que le ha permitido pronosticar con acierto las elecciones de su país desde 1981, con la sola excepción de las controvertidas del 2000; hace cuatro años fue de los pocos que predijo el triunfo de Donald Trump, ahora por el contario, asegura que será derrotado.

En el llamado que hace a la humanidad el reconocido lingüista y pensador estadounidense Noam Chomsky para frenar unidos el apocalipsis que desde tiempo atrás en forma cierta llevan a cabo el presidente estadounidense Donald Trump y otros mandatarios a su servicio, cobra fuerza la parte ya expuesta en esta serie en el sentido de que Trump, en caso de perder las elecciones y sino le satisfacen puede recurrir a estrategias, nunca antes utilizadas, para mantenerse en el poder. Así continúa al respecto el discurso pronunciado en la Cumbre Internacional Progresista:

“Muchas figuras del establishment, precisa Chomsky, consideran que la advertencia es factible, entre ellas el Proyecto de Integridad de la Transición, que acaba de comunicar los datos de los “juegos de guerra” que ha estado realizando sobre los posibles resultados de las elecciones en noviembre. Los miembros del proyecto son “algunos de los republicanos, demócratas, funcionarios públicos, expertos de los medios, encuestadores y estrategas mejor formados que hay”, explica el codirector del Proyecto, incluyendo figuras prominentes en ambos partidos. Bajo cualquier posible escenario aparte de una clara victoria de Trump, los juegos conducen a algo parecido a una guerra civil, con Trump escogiendo terminar “el experimento estadounidense”.

Otra vez palabras fuertes, jamás escuchadas de las voces sobrias de la corriente principal. El simple hecho de que tales pensamientos surjan es de mal augurio. No están solos. Y dado el incomparable poder de Estados Unidos, mucho más que “el experimento estadounidense” está en riesgo.

Nada como esto ha ocurrido en la historia de la democracia parlamentaria a menudo problemática. Y si nos ceñimos a años recientes, Richard Nixon -una persona no muy agradable en la historia presidencial-, tenía razón en creer que había perdido las elecciones de 1960 sólo por la manipulación criminal de operativos demócratas. No impugnó los resultados, poniendo el bienestar del país por delante de la ambición personal. Albert Gore hizo lo mismo en el año 2000. Pero hoy no.

Creando nuevos caminos en desprecio por el bienestar del país no es suficiente para el megalómano que domina el mundo. Trump también ha anunciado una vez más que él podría ignorar la Constitución y “negociar” por un tercer mandato si él decide que tiene derecho a ello.

Algunos eligen reírse de todo esto como si fuera el juego de un bufón. A su propio peligro, como muestra la historia.

La supervivencia de la libertad no está garantizada por “barreras de pergamino”, advirtió James Madison. Las palabras en papel no son suficientes. Está fundada en la expectativa de la buena voluntad y la decencia común. Eso fue hecho trizas por Trump junto con su co-conspirador el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, quien ha convertido el “mayor cuerpo deliberativo del mundo”, como se denomina a sí mismo, en una broma patética.

El senado de McConnell se niega incluso a considerar propuestas legislativas. Se preocupa por ser generoso con los ricos y apilar el poder judicial, de arriba a abajo con abogados jóvenes de extrema derecha capaces de salvaguardar la agenda reaccionaria Trump-McConnell por una generación, sin importar lo que quiera el público, sin importar lo que el mundo necesite para sobrevivir.

El despreciable servicio hacia los ricos por parte del partido republicano Trump-McConnell es sorprendente, incluso para los estándares neoliberales que exaltan la codicia. Una ilustración es dada por los principales especialistas en política fiscal, los economistas Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman. Muestran que en 2018, después de la estafa fiscal que fue el único logro legislativo de Trump-McConnell, “por primera vez en los últimos cien años, los multimillonarios han pagado menos [en impuestos] que los trabajadores del acero, los profesores de escuelas y los jubilados”, eliminando “un siglo de historia fiscal”. “En 2018, por primera vez en la historia moderna de los Estados Unidos, el capital ha tenido menos impuestos que la labor”: una victoria verdaderamente impresionante de la guerra de clases, llamada “libertad” en la doctrina hegemónica. CONTINUARÁ.