Marzo 30, 2020
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COMENTARIO A TIEMPO AGRADECIMIENTO Y ACLARACIÓN (II)

Teodoro Rentería Arróyave

Con la cremación del cuerpo concluyeron las exequias de mi muy querido cuñado, el empresario industrial, Gilberto Espinosa Pérez, en esta ciudad-capital que adoptó como cuya. A los familiares y amigos con quienes compartimos el dolor de la partida del ser amado.

SEGUNDA PARTE

Habíamos explicado que con motivo de la celebración del Día Internacional de la Radio, el diario “El Universal” publicó un amplio reportaje de la reconocida colega Daniela Jurado Cano, sobre la creación del Instituto Mexicano de la Radio, IMER, en el cual destaca que el autor fue el director general primigenio de ese organismo de comunicación social pública.

Nosotros, en esta serie, aclaramos que la actual sede del IMER, de Mayorazgo 83, fue una compraventa del inmueble e instalaciones, de ninguna manera una dádiva de la Sociedad de Autores y Compositores de México, SACM, cuyo relato quedo plasmado desde 2009, en nuestro libro “Mi Vida Son Nuestros Amigos”.

Dejamos asentado que en la emergencia del terremoto del 85, tomamos la decisión de rentar la llamada “Grabadora de los Compositores” y que por ello salimos a buscar al presidente de la agrupación gremial, el genio compositor y amigo Roberto Cantoral; la redacción es en tercera persona porque quienes la escribieron fueron el llorado colega Carlos Borbolla Miranda y mi compañera de vida Silvia Villa Gómez: Ya en el jardín de la Asociación, nos encontramos con su Presidente, suerte de reportero:    “Después de los saludos Teodoro le explicó la emergencia que estaba viviendo el IMER y le solicitó el alquiler, por tres años, del Centro de Grabaciones.

” Cantoral le dijo: “No, compañero, te lo vendó muy barato y, si aceptas, y tú tienes en este momento la prerrogativa de la decisión, mi familia viaja  y yo me quedó a cerrar la compraventa”. Así se hizo de inmediato. En el jardín se cerró la operación en una cantidad irrisoria y en condiciones satisfactorias: 20 por ciento  de enganche y 10 meses para pagar el resto, sin intereses. Con otros excedentes, Teodoro construyó oficinas anexas para las áreas administrativas. Desde entonces, el IMER cuenta con esa casa, hermosa por su arquitectura y con tecnología de punta.

Cuando terminaba el sexenio no faltaron los voraces que quisieron quedarse con la propiedad. En vista de que no salía la autorización final de -la Secretaría-, de Programación y Presupuesto, estos sujetos inventaron que debía escriturarse a nombre de una supuesta organización de amigos del cine, aprovechando el nombre del hijo de Pedro Vargas, que la presidía.

Teodoro no lo admitió, y con el apoyo del oficial Mayor de la Secretaría de gobernación, el joven abogado Rubén Guerrero Zorrilla, logró que el inmueble fuera escriturado al Gobierno de la República. Claro que se ganó enemistades, pero él no podía permitir un latrocinio de esta naturaleza. CONTINUARÁ.