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CNDH, reconocimiento social

IMPULSO/ Mario Melgar Adalid
Mientras escribía este texto mujeres y niños eran masacrados en los límites de Chihuahua-Sonora-Arizona. Hoy, nadie supo, nadie sabe del horror. La única investigación creíble será la de la CNDH.
La administración federal vive en tensión permanente. Tensión sorda, intensa y constante, totalmente improductiva. Ha surgido un país confrontado en continua zozobra social. Los derechos humanos no han sido la excepción sino la regla. Existe tensión entre el gobierno y la CNDH, lo que afecta su autonomía.
La Comisión fue creada desde 1990 y desde su inicio generó preocupación. Cómo olvidar aquella grotesca expresión del gobernador Arturo Montiel: “Los derechos humanos son de los humanos, no de las ratas” en alusión a los delincuentes.
La CNDH funciona como un ombudsman, figura que fue introducida por el maestro Héctor Fix-Zamudio, a quien el país le debe un homenaje por sus aportaciones jurídicas. Como ombudsman su fuerza, prestigio, credibilidad e independencia dependen de quien encabece el organismo.
La Comisión ha tenido un favorable impacto social cuando sus presidentes han gozado de un alto perfil y se han distinguido por su calidad moral y profesional: Jorge Carpizo, Jorge Madrazo, José Luis Soberanes y Luis Raúl González Pérez. Otros pasaron de noche.
González Pérez está por concluir su gestión en el momento más difícil que haya vivido ningún otro ombudsman en México. Sufrió ataques de Peña Nieto y también del Presidente de la República. A pesar del más alto rango político que ostenta AMLO, sus descalificaciones y ataques al ombudsman no lograron minar la credibilidad, ni la presencia social de la CNDH.
En entrevista con “EL UNIVERSAL”, González Pérez recordó algunos asuntos en que la CNDH incomodó al poder público: el posicionamiento ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación al interponer una acción de inconstitucionalidad sobre la Ley de Seguridad Interior; la ejecución extrajudicial de 15 civiles en Tlatlaya; la creación de la Guardia Nacional; la modificación de la operación de las estancias infantiles.
El presidente López Obrador ha pretendido desacreditar el trabajo de la Comisión y de su titular al señalar entre otras cosas “que tiene poca moral”. Grave acusación pues lo único que garantiza el trabajo de un ombudsman es justamente su alta moral. Es evidente que los ataques a la CNDH derivan de la incomodidad que sus recomendaciones generaron en el poder público. En las altas esferas del poder no se entendió que la Comisión no es una pieza del gobierno sino un órgano extra poder que existe en razón del alto grado de violación de los derechos humanos. La CNDH surgió en contra de un sector muy conservador y en un clima de escepticismo. El trabajo de la Comisión y de sus presidentes, en particular el de González Pérez, ha ido modificando esa percepción prejuiciada, hasta disponer de la confianza y respaldo social, a pesar de los embates presidenciales.
La CNDH es un organismo autónomo constitucional cuya función es indispensable para proteger y defender los derechos humanos. La gestión de González Pérez avanzó la idea de la independencia de la Comisión de los poderes tradicionales y también de los partidos políticos, grupos empresariales y otros factores reales de poder.
La transparencia de la actuación del ombudsman que se irá en unos días, su independencia al no recibir instrucciones de autoridades, estar sujeto exclusivamente a la Constitución y a las leyes en particular la Ley Orgánica, es un legado que difícilmente podrá repudiar el próximo ombudsman.
Luis Raúl González Pérez concluye su gestión con el reconocimiento social. Ahora que se habla de independencia judicial, AMLO prepara una terna para la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Se ve difícil encontrar un mejor candidato que Luis Raúl González Pérez. Una gran oportunidad para el presidente y un aire de frescura para el enrarecido ambiente que vive el país, así sea esta propuesta una ingenuidad en los autárquicos momentos que vivimos.

@DrMarioMelgarA