Agosto 3, 2020
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¿Camina México hacia un Estado de Bienestar?

Por Martí Batres

Senador de la República

La pregunta tiene sentido. En el discurso del actual gobierno el concepto Estado de bienestar es convicción ideológica y objetivo programático. Pero hay una crítica pertinaz de la oposición a la política social del gobierno.

Se cuestiona la disminución del apoyo a las estancias infantiles, la suspensión de apoyos a organizaciones civiles y campesinas y la presunta escasez de medicamentos.

Sin embargo, suponiendo razón en esas críticas, no hay elementos para afirmar que haya una tendencia hacia el desmantelamiento de derechos o contraria al objetivo de un Estado de bienestar. Por el contrario, hay un debate que subyace debajo de tales medidas.

Las estancias infantiles han sido cuestionadas tanto por su naturaleza subrogada, modalidad privatizadora de los servicios públicos, como por la falta de seguridad de muchas de sus instalaciones para niñas y niños. Muchos apoyos a organizaciones no llegan a la gente. Y en el caso de la presunta escasez de medicamentos, hay intereses afectados por la decisión del gobierno de no continuar contratándoles.

Lo trascendente es que se han tomado abundantes decisiones progresivas en dos campos: en el terreno de las reformas legislativas y en el de las políticas públicas.

En cuanto al primero deben destacarse las siguientes:

– Reforma laboral para fortalecer contratación colectiva y democracia sindical.

– Reforma para la seguridad social de las personas trabajadoras del hogar.

– Reforma educativa para la gratuidad en todos los niveles del sistema público, incluido el superior.

– Reforma del sistema público de salud para incorporar los principios de gratuidad, universalidad e integralidad.

– Reforma que reconoce derechos de las comunidades afromexicanas.

– Reforma que crea el Instituto de los Pueblos Indígenas, reconociéndolos como sujetos de derechos.

– Reforma para la representación paritaria de mujeres y hombres en todos los órganos del Estado.

– Reforma que crea el Banco de Bienestar, que podrá instalar sucursales y cajeros en las zonas más pobres.

– Reforma que permite a la Sedatu construir directamente vivienda social.

– Reforma que incorpora pensión de adultos mayores, beca de discapacidad, becas escolares y gratuidad de la salud pública a la Constitución.

En cuanto a políticas públicas, destacan:

– Universalización de la pensión de adultos mayores y aumento del 100% al monto de la misma.

– Beca para personas con discapacidad.

– Becas para estudiantes (¡cuyo número de beneficiarios llega ya a 10 millones!)

– Creación de 100 escuelas universitarias.

– Atención médica y medicamentos gratuitos.

– Construcción directa de caminos por las comunidades indígenas.

– Aumentos históricos al salario mínimo.

– Apoyos directos a campesinos a través de programas como “sembrando vida” y precios de garantía.

– Apoyo a las nuevas generaciones sin trabajo y sin escuela, a través del programa Jóvenes Construyendo el Futuro.

– Programa de mantenimiento de planteles escolares con presupuesto participativo.

¿Caminamos hacia un Estado de bienestar social? Sí. Aunque considero importante alertar sobre dos cosas. Primera, falta mucho para lograr el objetivo. Segunda, debe preverse la ampliación de la base material para poder universalizar todos los programas y servicios.

Sin ello no hay Estado de bienestar. He ahí el mayor reto.