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Facebook y el precio de ser gratis

IMPULSO/Antonio Rosas-Landa Méndez

Dicen que lo barato sale caro y si pensamos en lo que ocurre con Facebook la conclusión es que lo gratuito resulta carísimo. La violación de la privacidad de millones de usuarios, el uso de su información y la de sus contactos para manipular mentes es tema de actualidad.

Mark Zuckerberg, líder de Facebook, testificó ante el Congreso de EU, inicialmente porque su compañía permitió que una firma británica adquiriera información personal de 87 millones de usuarios, datos luego usados para manipulación política. Pero luego de escucharlo la conversación se amplió a, ¿cómo regular las redes sociales?

Millones de personas tienen una cuenta en estas redes donde comparten información con quienes lo desean. Es una decisión personal qué y cuánta información colocamos en estas plataformas. Corporaciones como Facebook ofrecen sus servicios sin costo al usuario porque recolectan inmensas cantidades de datos de sus afiliados. La información es usada para que anunciantes lleguen a un blanco preciso. Saben si el potencial cliente es mujer y si ha buscado zapatos nuevos. Como milagro, aparece un comercial con el artículo deseado mientras se navega en Facebook.

A pesar de su “gratuidad”, Facebook ganó 40 mil millones de dólares en 2017 y fue valuada en 407 mil millones por Forbes. Respeto el modelo de negocios y creo que es válido buscar ganancias por un servicio. El problema ocurre cuando la información es usada para fines que no fueron los que el usuario aceptó y sin su consentimiento.

En 2014 un desarrollador de software creó una aplicación vinculada a Facebook con un cuestionario sobre datos personales, pero nunca dijo que vendería la información a la empresa Cambridge Analytica con fines políticos. Construyendo un perfil de personalidad del usuario determinaron su inclinación política, religiosa, preferencias y qué tipo de contenidos los haría reaccionar visceralmente. Usando estos datos los rusos diseñaron una estrategia para influir en la elección donde triunfó Donald Trump.

La estrategia política en redes sociales comenzó en 2012 cuando Barack Obama logró su reelección, pero su equipo fue claro con los usuarios sobre el destino que se daría a la información.

El dilema de nuestro tiempo es cómo dejar la puerta abierta a la innovación de estas plataformas, que ofrecen una conectividad sin precedente, con el manejo responsable de los datos y la privacidad de los usuarios.

Cuando entramos a Facebook buscamos los chismes del momento, pero seguramente no imaginamos que la red social también monitorea nuestra navegación en internet. Tal vez ignore que se lleva un registro de su ubicación y que pueden saber las compras que realiza en internet. Es más, Zuckerberg reconoció que recolectan información de gente que no tiene una cuenta en Facebook, pero que interactúa con sus afiliados.

Quizá ha llegado el momento de entender que hay que poner un precio a usar las redes sociales si el proveedor es responsable con el usuario. Tal vez debemos implementar regulaciones, idealmente internacionales, que limiten lo que estas plataformas pueden hacer con nuestros datos y, al hacerlo, ofrecer avenidas que les den viabilidad financiera.

Por su parte, los usuarios debemos ser responsables de la información que consumimos y compartimos al considerar la confiabilidad de la fuente. En un mundo sobre-informado hay que proteger nuestra forma de vida, la civilidad y el Estado de Derecho. Si bien Facebook quedó expuesto con sus malas prácticas no podemos esperar que las empresas o el gobierno nos protejan de todo. Un buen comienzo es entender que pagamos un precio por lo que se ofrece “gratis”.