Octubre 18, 2019
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AMLO el historiador

IMPULSO/Mario Melgar Adalid

Artículo

Como repetía Winston Churchill: “Estudia Historia, estudia Historia. Es lo que hace a un hombre de Estado”. El mismo Churchill, ejemplo de estadista así fuera conservador, fue tan buen historiador que mereció el Premio Nobel. Es evidente que al presidente mexicano le gusta la Historia, pero no le gustan los conservadores, si bien lo que el país necesita es un estadista progresista que no estigmatice a nadie, incluyendo a los conservadores. Hay preocupación generalizada de que el presidente se haya convertido en una especie de profesor de historia patria y descuide su misión presidencial.

Con motivo de la conmemoración del 5 de mayo, el presidente dio razones históricas para celebrar las efemérides en Piedras Negras, en la frontera con Eagle Pass, y no en Puebla, el lugar de la batalla, como ha sido tradición histórica. La explicación que dio es que Ignacio Zaragoza nació en Bahía del Espíritu Santo (1829) —hoy Goliad—, población que pertenecía al Estado de Coahuila y Tejas, eso conforme a la Constitución de 1824. Extraña aclaración pues Piedras Negras no existía cuando nació el General Zaragoza. La población fronteriza se llamó durante el porfiriato Ciudad Porfirio Díaz, hasta que Venustiano Carranza recuperó el nombre actual.

La razón política es que el presidente no quiso ir a Puebla para evitar el clima adverso generado por la próxima elección extraordinaria.

En su arenga didáctica, el presidente además de achacar a los conservadores la pérdida de Texas, se siguió con la pérdida de la mitad de territorio años más adelante, como consecuencia de la Guerra México-Estados Unidos (1847-1848). Refirió que fue el presidente James K. Polk el que declaró la guerra a México y “eso que era del Partido Demócrata”. Como si a la mitad del siglo XIX la agenda de ese partido fuera la misma que la actual liberal de Nancy Pelosi o la socialista de Bernie Sanders.

Su relato genera confusión pues el incidente entre tropas mexicanas y estadounidenses que desató la guerra ocurrió en el Rancho Carricitos, en la frontera del sur de Texas, cerca de Brownsville y no en California como cree el mandatario historiador.

El presidente también se refirió a la conmemoración del 5 de mayo en Estados Unidos, que por una distorsión se ha vuelto una especie de “fiesta latina” y se cree que es una especia hispana del cuatro de julio.

La oportunidad era propicia para haber celebrado el cinco de mayo en el lugar del nacimiento del General Zaragoza en Texas, a 350 kilómetros de Piedras Negras. La ocasión hubiera servido para explicar a los mexicanos que viven en EU y al público estadounidense la importancia de la batalla de Puebla; el mérito de las armas mexicanas de haber vencido al ejército más poderoso del mundo en aquel momento y la razón de honrar a Zaragoza. Igual para recordar la solidaridad del Presidente Abraham Lincoln con México, prócer estadounidense que siempre apoyó al gobierno del presidente don Benito Juárez.

Está muy bien que al presidente le guste tanto interpretar la Historiografía, lo que no lo está tanto es que crea que gobernar es dar cotidianamente lecciones elementales de Historia.

Lo que el país requiere en estos días difíciles de incertidumbre e inseguridad es un presidente constitucional, laico, tolerante, paciente, incluyente y plural.

Viene a cuento Cicerón: “¿Quién ignora que la primera ley de la Historia es que no hay que osar decir nada falso, y que no hay que temer confesar toda la verdad?”.

@DrMarioMelgarA